Deambulando por las playas del sur de Perú me pidieron para el máster una serie de fotos sobre gente en el trabajo. Recuerdo ver desde la playa un malecón a lo lejos con algunos barcos de pesca. Me acerqué a uno de ellos y el capitán me dijo: ‘Salimos en diez minutos’… Conviví nueve días con la tripulación del ‘Margarita’. Yo llevaba una pequeña Canon G9 y dos baterías. Tuve que racionar los disparos y no revisar hasta llegar a tierra. De los cinco tripulantes, tres eran ex-convictos. Poco a poco todos me fueron narrando sus vidas. Contaban unas historias que podrían de ser llevadas a una serie de HBO…

‘Aquella noche volví a casa bebido, como desde hacía años. Le di una golpiza a mi mujer, embarazada de siete meses. Perdió el niño. Ingresé a la prisión por dos años. Anduve mucho tiempo pensando en matarme. Desde entonces no probé una gota de alcohol. Me acuerdo de eso todos los días. Mirar el mar me tranquiliza, aunque a veces me vienen ganas de tirarme al agua. No sé nadar. Sólo le pido a Dios que me perdone. Dice mi mujer que ella ya lo hizo. Llevo todas la boyas escritas con salmos del Evangelio. En este barco somos todos penitentes. ¿Qué dices tú, Gordo?’

MANCORA, PERU

‘Yo digo que para lo que llevaba me cayeron demasiados años. Tenía cinco chivolos pequeños y esto no da para mucho. Alguien me dijo: Tira este fardo por la borda cuando llegues allí. Pagaron bien, así que repetí. A la tercera alguien se chivó. Preferí no hacer lío y fui p’adentro. Y aquí estoy, 14 años después. Sé quién fue, pero todavía no he ajustado cuentas. A veces imagino que cruzo el pueblo y cobro mi venganza. Pero entonces no duermo por unos días. Pienso en mi mujer cuando estoy aquí’…

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